Jesús Arley Monsalve Arias
Alumno de Segundo de Filosofía
Los siglos XIV al XVI se caracterizan por una transformación profunda de la civilización y de la vida. Transformación que llevará a sus consecuencias más extremas la emancipación del pensamiento, la libertad, y en una palabra, el individualismo que se quisiera considerar como esencia del Renacimiento.
El individualismo propugnado por el renacimiento busca más que un ensimismamiento, un verdadero encuentro con la persona y una reflexión profunda sobre la miseria en la que ha caído el hombre; miseria que siglos después se agudizará por la influencia de los nuevos descubrimientos y los avances tecnológicos, pero que tiene sus raíces en el exagerado y abstracto individualismo del renacimiento que es más una degeneración del auténtico individualismo.
Es un individualismo en el que no importa la otra persona, que descuida los bienes comunes y busca un enriquecimiento de pocos a costa del sufrimiento de la gran mayoría; no precisamente aquí se inician las desigualdades sociales pero sí se van consolidando las brechas que separan abismalmente a ricos de pobres.
Sin embargo, notándose por parte de algunos pensadores como Tomás Moro este problema proponen una solución “ideal” que va a ser una “utopía” –así se llama su principal obra- en la que la virtud es el fundamento de la moralidad del estado, allí se sustituye la servidumbre económica por una rigurosa distribución del trabajo que permitirá el ocio para el perfeccionamiento moral e intelectual; además, advierte la comunión de bienes y el reparto equitativo de las riquezas; éstos son principios que determinarán más adelante el “comunismo” y que posibilitarán el abandono del estricto individualismo, pero como se advierte por el mismo Tomás Moro es una utopía, pues aunque se instale el régimen comunista, éste se desviará y sus dirigentes se pervertirán fracasando así una de las mejores formas de gobierno y más que de gobierno, una forma de vida.
Así pues, el individualismo desmesurado del Renacimiento marca lo que sería el ideal comunista de la edad moderna, y pone de manifiesto la crisis de identidad sufrida por el hombre medieval y exalta la dignidad del hombre y la promoción de los derechos humanos que será el ideal del hombre moderno y actual.