Virgilio Ñandez
Exalumno de Filosofía.
¿Usted se ha dado cuenta de que el continente latinoamericano es el llamado “Continente de la Esperanza”? y ¿Cómo podemos catalogar tales términos si desconocemos lo propio y hasta lo pisoteamos para fijarnos en el extranjerismo porque nos parece mejor y de más buena calidad?. A todo aquello que es exportado le sacan muchas ganancias porque se les facilita la explotación y qué decir de los productos que se llevan a bajos precios y luego, al cambio de marquillas nos son devueltos a precios elevadísimos y más costosos. ¿Será que tienen razón aquellos grupos de insurgentes o individuos que “ordeñan” los oleoductos, pues es preferible que se queden las ganancias aquí, así sean ilícitas?. ¡Cómo se va renaciendo al mal, a medida que las posibilidades de vida se hacen más difíciles!.
A nivel cristiano-cultural, desde el siglo XVI, se ha venido en cierta forma enseñando y propagando la fe cristiana católica. Para los aborígenes no fue un renacer a una nueva religión y formas de creencias porque ellos ya tenían sus formas de creencias establecidas. Para ellos fue más una imposición de la fe y de las estructuras por ellos desconocidas. Hoy podemos apreciar que después de 500 años de evangelización, son muy pocos los cristianos que han renacido, como lo dice Jesús: “Si no naces del agua y del Espíritu no podrás entrar en el Reino de los cielos”. No obstante, podemos contar en el Santoral a algunos santos en nuestras tierras como San Martín de Porres, Santa Rosa de Lima, San Juan Diego, Santa Mariana de Jesús Paredes y Flórez, entre otros muchos Beatos y Siervos de Dios. Sin embargo, pareciera que el renacer cristiano en nuestro continente no ha tenido el mayor auge y a pesar que ya son cinco siglos de historia cristiana en Latinoamérica, son muy pocos los que han renacido.
¿No será que nos hace falta con seriedad y responsabilidad vivir el sacramento del Bautismo para renacer con la ayuda del Espíritu Santo a una vida nueva en Jesucristo?.
Podemos ver hoy cómo la sociedad ha perdido la humanización en los diferentes campos de acción. ¡Es necesario renacer nuevamente a aquellos principios que hacen más factible la vida!. Además notamos cómo se está viviendo cada vez más en el egocentrismo, donde sólo importa mi ser sin dar cuenta del otro y más aún, sin importarme el otro. Debemos renacer a la fraternidad y no ser “caínes” que apagan la presencia y la voz del hermano, cayendo como dice el Papa Juan Pablo II en un “eclipse de la vida y oscurecimiento de Dios”.
Si el latinoamericano aprecia con gran vehemencia lo importado, ¿por qué la fe cristiana se ha ido tergiversando y hasta cayendo en una especie de “ego-religión”?. Cualquiera puede imponer sus propios criterios y creencias buscando unos fines lucrativos. Parece que es más apreciado todo cuanto brinda cierta forma de estabilidad, en la música, las artes o cualquier profesión que el vivir auténticamente la fe y el compromiso cristiano. Por esto, el comprometer mi propio ser y mi existir a la causa del Reino de Dios, renaciendo todos los días a ser mejor cristiano ¡está en veremos!.