Omar Correa Acevedo
Exalumno de Filosofía
El renacimiento surgió como una respuesta a las costumbres antiguas de la edad media, es decir, al apogeo que tuvo la iglesia sobre todo el mundo en donde se tenía la Biblia como única verdad absoluta y exenta de error.
Este período se caracterizó por una nueva forma de pensar y vivir seguida de la libertad individual de razonar sobre el mundo y la sociedad creándole un sinnúmero de interrogantes a los que buscaba esclarecer, buscar y dar respuestas en una constante búsqueda de identidad; por tanto, podemos hablar desde un punto de vista general de la fusión entre filosofía y ciencia, ya que ambas tienen cierta concatenación, relación y similitud, puesto que van en busca de un mismo objetivo que es el conocer la verdad fuera de lo especulativo y lo esotérico, o en palabras del Papa Juan Pablo II –con referencia a la fe y la razón, “ambas son las alas de la verdad”.
Es la época de los grandes filósofos y científicos que a través de sus grandes aportes dieron innovación al mundo. Entre estos se destacan: Galileo Galilei, Juan Kepler, Nicolás Copérnico, Isaac Newton, entre otros, que fueron quienes cambiaron el sistema geocéntrico postulado por Ptolomeo en el siglo II y que duró vigente hasta el siglo XV.
Cabe mencionar también el florecimiento en el campo de las artes, en el que surgieron grandes arquitectos y pintores de la talla de Donnatello, Rafael, Miguel Angel, Leonardo Davinci, etc.
Con respecto a la política se destacaron Nicolás Maquiavelo y Santo Tomás Moro , quien con su obra “Utopía” (que significa “lugar que no existe”, luego se adjudicó el término de “irrealizable”) hace una crítica satírica al sistema social y político. En dicha obra se encuentran manifiestas y cimentadas las bases de planificación ideal de una forma de gobierno perfecta; es también una denuncia a los comportamientos triviales del hombre. Además buscaba que los países fueran gobernados por la razón y el influjo religioso. La práctica del ideal de Santo Tomás Moro es utópico, porque todos los hombres conociendo el bien se dedican a hacer el mal.
Actualmente el renacimiento tiene gran influencia en el mundo ya que gracias a el se expusieron las bases de la autonomía personal, la libertad de expresión, religión, etc. Esto fue llevando además a que muchas naciones se volvieran egoístas y egocéntricas buscando alcanzar un ideal como sea y al precio que le cueste, pasando incluso por encima de los más débiles. Tal es el caso de las grandes potencias que no les prestan ayuda a los países subdesarrollados, por el contrario aplican la ley de “al caído caéle”, puesto que a ellas no les sirve que estos países se desarrollen, sino que por el contrario, quieren mantenerles en ese estado de pobreza para seguir manipulándolos y poder obtener mayores ganancias y dividendos.
En este tercer mundo encontramos a Colombia y el resto de países de América Latina que han sido azotados y golpeados fuertemente por grupos subversivos izquierdistas y derechistas. Ésta es una de las grandes causas que no dejan e impiden el desarrollo y el progreso a estos países. La verdadera realidad de Latinoamérica es que se encuentran en un estado de subdesarrollo, delatado por fenómenos masivos de marginalidad, pobreza, analfabetismo y condicionada en última instancia por depender política, económica y culturalmente de las potencias que tienen la tecnología y los avances científicos.
También encontramos un cúmulo de factores que afectan el desarrollo de nuestro pueblo, entre los que podemos enunciar: la deuda externa, la devaluación de la moneda, las pocas industrias que posee el país, los salarios de hambre y mala remuneración por parte de los patrones con sus trabajadores, el desempleo y subempleo, los desplazamientos masivos causados por la violencia, entre otros.
Estos problemas nos tienen inmiscuidos en una guerra civil no declarada, en la que hay muchos atropellos contra la dignidad de la persona humana donde se secuestra, se roba, se asesina, se hacen atentados y se gestan un sinnúmero de antivalores que van haciendo que la sociedad vaya decayendo.
Ante esta gama de inversión de valores tenemos que hacer un fortalecimiento del tejido social mediante proyectos de formación, capacitación e integración de la comunidad. Debemos apostarle a la Inversión social construyendo carreteras para que los campesinos puedan sacar los cultivos lícitos a los centros de acopio. Debemos apostarle al diálogo de concertación entre los grupos bélicos y el estado buscando ampliar los caminos de reconciliación y de paz.
Es deber y responsabilidad del estado velar por el bienestar de sus ciudadanos y por lo tanto debe propiciar todas las garantías necesarias para que los campesinos sean cobijados y protegidos con estas normas.
Desde esta perspectiva es que debemos poner en práctica nuevos métodos y energías para la consecución de la paz y así poder vivir en unidad respetando los derechos fundamentales de la dignidad humana con el fin de rescatar los valores que se perdieron, buscando un renacer a la vida, a las fuentes y principios cristianos para construir en y desde Latinoamérica “la Nueva Civilización del Amor”, porque como nos lo dice el mismo Papa Pablo VI en la encíclica “El Progreso de los Pueblos” (Populorum Progressio), “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.