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COMO LEER UN LIBRO: LECTURA ANALITICA

 

Una valiosa guía para aprender cómo analizar una lectura de modo eficiente y con auténtico provecho.

(Por Luis Fernando Valdés y Vicente de Haro[1])


El presente texto hace referencia al mejor modo de leer un libro, pero se aplica mutatis mutando, para la lectura reflexiva de un texto más breve.

 

1.     Objetivos de la lectura: informarse y comprender


El objetivo de leer es comprender más y mejor algún tema: el planteamiento de algunos problemas, el desarrollo de ciertos hechos, la exposición de una idea, las razones que sustentan una postura, etc. Por eso una buena lectura es aquella a través de la cual se pasa de un estado de comprensión menor a un estado de comprensión mayor. Esto implica dos cosas:

 

a)       Primero, damos por supuesto que el escritor comprende el tema de un modo superior al lector. Hay, por tanto, una desigualdad inicial en la comprensión.

b)       El buen lector debe ser capaz de superar esta desigualdad inicial, al menos en cierta medida. En tanto se aproxime a la igualdad en la comprensión del tema, notará que se produce un fenómeno de comunicación en el que se va ganando progresivamente en claridad. Ésta es la verdadera lectura de comprensión.

 

2.  Niveles de lectura


Hay cuatro niveles de lectura. Los niveles superiores incluyen a los inferiores; es decir, son acumulativos. Dominar un nivel superior implica haber dominado antes los inferiores:

 

-          Nivel 1. - Lectura primaria, rudimentaria o básica. Consiste en aprender a leer; es el proceso de alfabetización.

-          Nivel 2. - Lectura de inspección o pre-lectura. Consiste en la habilidad de extraer el máximo de un libro en un tiempo limitado. El lector que sabe hacer esta pre-lectura puede, en unos cuantos minutos, tener bien claro de qué se trata el libro, cuál es su estructura, cuáles son sus partes, etc.

-          Nivel 3. - Lectura analítica.- Este nivel es el que está destinado fundamentalmente a la comprensión. Comprender un libro significa trabajarlo hasta hacerlo propio, y va más allá de la mera información o el entretenimiento.

-          Nivel 4. - Lectura paralela o comparativa.- Consiste en estudiar un tema en particular comparando lo que dicen respecto a él varios libros o autores.


Centraremos nuestra atención en el nivel 3: en la lectura analítica. No se puede entender un libro sin leerlo analíticamente. Cuando hemos dicho que comprender un texto es trabajarlo hasta hacerlo propio, no nos referíamos sólo a escribir sobre él, subrayándolo o tomando notas (aunque esto puede servir). La comprensión verdadera va mucho más allá. Para ejercitarla, conviene tener en mente ciertas reglas que iremos enunciando poco a poco, divididas en tres etapas: reglas para analizar la estructura de un libro; reglas para interpretarlo y reglas para criticarlo.

 

3. Lectura analítica


Las tres etapas de la lectura analítica antes mencionadas pueden resumirse, cada una, en una pregunta:

 

A.      Etapa estructural.- ¿Sobre qué trata el libro como un todo?

B.       Etapa interpretativa.- ¿qué dice el libro en detalle y cómo lo dice?

C.       Etapa crítica.- ¿es cierto lo que dice el libro, y qué importancia tiene?


Estas tres preguntas tienen mucha relación con las características del lenguaje como modo humano de comunicación.

Conviene detenerse en aclarar este punto. Nuestro lenguaje es complejo, consta de partes: palabras, oraciones, argumentos... y es por eso que debemos ser capaces de hacer un perfilado estructural, es decir, de integrar las partes de los mensajes que recibimos. El lenguaje es, además, “opaco”, esto es, un medio indirecto e imperfecto para transmitir pensamientos: por eso es necesario interpretarlo, es decir, saber llegar al pensamiento que transmite. Y nuestro modo de conocer es, finalmente, propenso al error y a la ignorancia, que limitan nuestro acceso a la verdad y el conocimiento; de ahí la necesidad de ser críticos.

 

A.   Estructura

 

Muchas veces creemos que para saber más o menos de qué trata un libro basta con mirar su título. Sin embargo, aunque el título es importante, muchas veces no basta para clasificar correctamente un libro, pues esta clasificación exige, además, que tengamos en mente ciertas categorías y qué sepamos a qué categoría corresponde cada texto.


Empecemos por dos categorías:

 

a)       Libros teóricos (los que intentan averiguar en qué consiste algo, o intentan demostrar la veracidad de una postura)

b)       Libros prácticos (los que nos enseñan qué hacer si queremos alcanzar alguna meta).


Esta es una distinción muy básica, pero útil. A partir de ella, podemos seguir subdividiendo las categorías de los libros; los libros teóricos, por ejemplo, pueden dividirse a su vez en históricos, científicos y filosóficos. Ser precisos en esta clasificación es importante porque un libro histórico no debe leerse con el mismo método, ni con la misma actitud, que un libro práctico, ni podemos esperar los mismos resultados de su lectura. Podemos enunciar ya nuestra primera regla:


1ª regla.


Hay que saber qué clase de libro se está leyendo lo más pronto posible en el proceso de lectura, preferiblemente antes de empezar a leer.


Para cumplir cabalmente con esta regla conviene ejercitar la lectura de inspección (el 2do nivel del que hablamos antes). No nos detendremos demasiado en ella; sólo recuerda que ayuda mirar el prólogo del libro, estudiar el índice, leer la propaganda publicitaria de la editorial, hojear el volumen y detenerse ocasionalmente a leer uno o dos párrafos...


Cuando ya sabemos a qué clase de libro vamos a enfrentarnos, debemos tratar de averiguar cuál es su tema o punto principal. Esto es importante porque ese tema o punto central es lo que da unidad al libro. A veces el autor nos ayuda con el título y algunas palabras preliminares.


Para saber si ya te has hecho una idea del tema principal del libro, puedes intentar expresarlo con tus palabras, de una forma breve y clara. Ésa es nuestra segunda regla:


2ª regla.


El lector debe ser capaz de constatar la unidad del libro en conjunto en una sola frase, o en unas cuantas como máximo (un párrafo breve).


Si has sabido descubrir la unidad del libro, podrás entender por qué tiene tales partes y por qué éstas están organizadas de tal manera.


Poder exponer esta correlación de las partes es importante. Inténtalo en una frase como ésta: el libro en conjunto trata sobre esto, y lo otro, y lo de más allá... y así vas describiendo las partes principales, luego la subdivisión de cada parte principal, y así hasta el final.


Aunque en algunos casos puede ser difícil, ésta es una aproximación muy útil al contenido del libro. No necesariamente ha de seguir la estructura del libro tal como se indica en la división por capítulos; el lector puede trazar sus propias divisiones temáticas. Podemos ya enunciar la siguiente regla:


3ª regla.


Hay que identificar las partes más importantes del libro y mostrar que están organizadas y forman un todo, siguiendo un orden unas respecto a otras y respecto a la unidad del conjunto.


Hay textos que simplemente no están bien estructurados, así que por más que busques su unidad y su coherencia, no las encontrarás. Hay una relación recíproca: la unidad, la claridad y la coherencia son condiciones tanto de la buena escritura como de la buena lectura.


Es por eso que las reglas 1, 2 y 3 tienen una utilidad extra: al tratar de organizar el texto, te das cuenta de si está bien escrito o no. Los mejores libros son aquellos cuya estructura es más fácil de determinar.

 

Llegado este punto, ya conocemos plenamente la unidad del libro. Pero ¿por qué tiene la unidad que tiene? Y ¿qué fin persigue? Estas preguntas son fundamentales. Por eso es imprescindible seguir la siguiente regla:

 

4ª regla.


El lector debe averiguar en qué consisten los problemas que se plantea el autor


Para esto, sugerimos que al leer tengas en mente ciertas preguntas que el autor debe ir contestando durante su discurso. Por ejemplo, si estás leyendo un libro teórico, has de cuestionarle: ¿existe aquello de lo que se está hablando? ¿Qué clase de problemas presenta? ¿Qué los ha producido? ¿Qué objetivo se persigue al tocar este tema? ¿Cuáles son las consecuencias de lo que expone el escritor? ¿Cuáles son las características de esa exposición?, etc. O, si estás enfrentándote a un libro práctico: ¿ Qué fines se están persiguiendo? ¿Qué medios habría que elegir para alcanzar esas metas? ¿Bajo qué condiciones resultaría mejor hacer esto o lo otro, etc.? Como ves, para facilitarte el cumplir con esta 4ª regla conviene que hayas seguido la 1ª; la que sugiere que tengas claro qué clase de texto vas a leer.

 

B.    Interpretación


Cuando ya te has hecho una idea lo suficientemente clara de la estructura del libro, debes empezar a interpretarlo.


Interpretar un texto es descubrir lo que su autor quiere comunicar y entender cómo lo hace.


Toda interpretación exige ciertos conocimientos de gramática y de lógica; por lo que esta etapa resulta un tanto complicada. Por eso es imprescindible tener bien claras sus reglas.


Lo primero en el proceso de interpretación es llegar a un acuerdo con el autor del libro respecto al significado de las palabras.



Para que haya verdadera comunicación, es necesario que, escritor y lector, empleen la misma palabra con idéntico significado. Ello exige una cirtta dstreza por parte de ambos. Debe tenerse en cuenta, sin embargo, que el escritor ya dijo lo que quiere, por lo que es conveniente seguir la siguiente regla.


5ª regla.


El lector debe encontrar las palabras importantes, y en ellas ha de llegar a un acuerdo con el escritor respecto a su significado; es decir, ha de establecer ciertos términos comunes con el autor.


Seguir esta regla no siempre es fácil, porque una palabra puede ser vehículo de múltiples significados, y un mismo significado puede expresarse mediante muchas palabras distintas.


Por eso el lector debe tratar de entender, primero, el lenguaje mismo (es decir, la gramática usada por el autor, su modo de manejar las palabras) y después acceder al pensamiento oculto tras ese lenguaje (a la lógica del autor, a su modo de pensar). Es así como el lector se encuentra con la mente del autor, a través del lenguaje.


Si lees con atención la 5ª regla, te darás cuenta que ésta sugiere que el lector debe centrar su atención en ciertas palabras, en las que son importantes, pues no todas las que utiliza un escritor lo son. Muchas veces, al lector le llaman más la atención aquellas palabras que le crean problemas, porque no son de uso frecuente para él. Pero no por eso ésas palabras son las más importantes para el autor. Así que el lector ha de aprender a no centrarse tanto en ellas y a tratar de descubrir aquellos términos a los que el autor brinda una especial consideración.


Una manera de localizar esas palabras claves es teniendo en cuenta que cada rama del conocimiento tiene su propio vocabulario técnico; es decir, que cada ciencia o disciplina tiene palabras propias de sus investigaciones, o les otorga un significado distinto o más profundo a palabras de uso corriente... Estos usos “particulares” de las palabras se pueden descubrir de dos modos: positivamente, cuando se sabe algo sobre el tema y nos basta con ver la palabra para entender qué sentido se le está otorgando; y negativamente, cuando no sabemos sobre el tema pero nos damos cuenta de que esa palabra no es de uso corriente o que el significado que se le está dando no nos resulta familiar.


Identificar estas palabras es especialmente importante cuando se lee un texto filosófico, pues los filósofos suelen acuñar palabras nuevas o convertir una palabra de uso corriente en vocabulario técnico.


El lector debe distinguir entre las palabras que no comprende lo suficiente de las que sí comprende. Y luego, para encontrar el significado de las que no comprende, ha de usar el significado de todas las demás palabras que sí conoce, es decir el contexto. Las palabras conocidas rodean a las extrañas (al vocabulario técnico) y constituyen ese contexto que sugiere cuál es el significado de la palabra desconocida


Puede haber más complicaciones en la comprensión de las palabras. En algunos libros, una misma palabra se utiliza con diversos significados. O, en muchas ocasiones, el autor usa palabras distintas para un mismo significado. Además, hay un uso metafórico de las palabras, un uso emotivo, un uso real, etc. que el lector debe identificar. Por eso es conveniente hacer una lista con las palabras importantes y otra con los significados importantes, y si hay varios significados para una misma palabra, puede resultar útil buscar uno que represente a todos los demás o a varios de ellos.


Después de garantizar la plena comunicación a nivel de las palabras, debemos enfocarnos a la comprensión de las proposiciones.


6ª regla.


El lector debe comprender las proposiciones


Una proposición es una declaración de conocimiento o de opinión, o la respuesta a alguna pregunta, que expresa el escritor mediante oraciones. Es decir, mediante las oraciones el escritor expone lo que sabe, lo que opina, o responde a los cuestionamientos.


Pero no todas las oraciones son igual de importantes. Para el lector, las que más llaman la atención son las que se entienden con dificultad, las que han de leerse más despacio y con mayor atención. Ese sentimiento de dificultad en la comprensión de una oración o de un párrafo no es negativa; al contrario, es superando esa dificultad como realmente se aprende y se aprovecha la lectura. Dicha dificultad puede llamarse perplejidad, y para la lectura es esencial sentir perplejidad y saberlo. Las oraciones clave son las oraciones que dejan perplejo.


Para el escritor, las oraciones importantes son aquellas sobre las cuales se apoya su argumentación; es decir, aquellas que en las cuáles se dan razones para afirmar o negar algo. Éstas oraciones son el núcleo de su comunicación, por eso, a veces el mismo autor ayuda a identificarlas, subrayándolas, colocándolas en algún lugar especial, escribiéndolas con un estilo llamativo o utilizando algún recurso tipográfico (como ponerlas en cursivas o en negritas, etc.).

 
Podemos dar otras dos pistas para hallar oraciones clave: a) contienen palabras claves y b) suelen pertenecer al argumento principal del libro (más adelante hablaremos de qué es un argumento).


No basta saber cuáles son las oraciones importantes; hay que saber qué significan. El mejor modo para saber si se ha comprendido una oración o no consiste, de nuevo, en intentar expresarla con las propias palabras, construyendo una frase que sea fiel a lo que el autor piensa y está tratando de comunicarnos. Otro modo para saber si se ha comprendido una oración es tratar de señalar una experiencia que se relacione con ella, o poner un ejemplo concreto.  Cuando las proposiciones se ordenan de modo que algunas ofrezcan razones para apoyar a otras, forman un argumento. En un texto, sólo algunos párrafos expresan argumentos; los que no lo hacen han de leerse deprisa y sin demasiada atención.


A veces se localizan primero las premisas del argumento, es decir, las razones que ofrece el autor para afirmar o negar algo. Si es así, lo que hay que buscar es la conclusión (la afirmación o negación apoyada por las premisas). Si, en cambio, se localiza primero la conclusión, hay que buscar las premisas.


Es necesario también distinguir entre argumentos inductivos (aquellos que parten de un hecho concreto y de él infieren una conclusión general, es decir, que usan la experiencia de un caso particular para entender cualquier caso de ese tipo) y argumentos deductivos (los que parten de un principio general y lo aplican a un hecho concreto).


Además, el lector debe aprender a descubrir qué cosas da el autor por supuestas, es decir, aquellas cosas que el autor simplemente afirma sin ofrecer razones para ello, sin demostrarlas. Algunas cosas se dan por supuestas, otras se demuestran, y otras más son evidentes (son tan claras para todos que no necesitan demostración). El punto de partida de un argumento suele ser un supuesto en el que coinciden el autor y el lector. Así, nuestra siguiente regla dicta:


7ª regla.

 

Hay que encontrar, en lo posible, los párrafos del libro que enuncien los argumentos importantes


Si éstos no están en un párrafo concreto, el lector ha de reconstruirlos, tomando una oración de este párrafo, otra de aquél... hasta haber reunido la secuencia de oraciones que constituye el argumento.  Conociendo los argumentos, podemos juzgar qué problemas ha resuelto el autor y cuáles no, y respecto a éstos últimos, determinar si el autor reconoce o no que no los ha resuelto. Este paso es crucial para saber si se ha comprendido el libro; el lector que ha comprendido sabe si el autor resolvió los problemas que se había planteado.


8ª regla.


El lector ha de averiguar en qué consisten las soluciones del autor.

 

C.   Crítica


Leer un libro es una especie de conversación con su autor; esto implica que ambas partes participan, que el lector no es un receptor pasivo de lo que el escritor dice.


Por eso el lector no ha de limitarse a comprender la obra, sino que ha de enjuiciarla críticamente, esto es, señalar los aciertos y los errores que haya encontrado. Pero este juicio ha de hacerse según ciertas reglas de etiqueta intelectual y según algunas otras reglas que ayuden a definir los puntos de crítica. Empecemos con las primeras.


Las reglas de etiqueta intelectual son aquellas que indican al lector cómo reaccionar ante lo que le dice al autor. El escritor está intentando convencer o persuadir de algo al lector, y ante esta persuasión el lector ha de comportarse con amabilidad y altura intelectual, y ha de saber responder eficazmente.


A veces se confunde “crítica” con “disensión”, es decir, se piensa que enjuiciar un libro es ponerse automáticamente en su contra. Ello es un error, que impide el aprendizaje y la verdadera comunicación. Se puede estar en desacuerdo, pero si existen razones para ello, no por mero afán de discutir. Además, antes de juzgar hay que comprender: si no se es capaz de repetir con las propias palabras lo que el escritor ha dicho, no se le ha comprendido, y por tanto no se le puede criticar. Ello es lo que supone nuestra siguiente regla, la primera de la etiqueta intelectual:


9ª regla.


El lector debe ser capaz de decir, con relativa certeza, “lo comprendo”, antes de añadir: “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo” o “suspendo el juicio”.


Los tres comentarios de los que habla esta regla son las tres posibles posturas críticas. El suspender el juicio es una postura válida cuando por alguna razón (no se ha leído el libro completo y ello resulta necesario para comprenderlo, o no se conoce el resto de las obras del autor y son éstas las que dan luz para entender la obra leída, etc.) no sería justo hacer una crítica en un momento dado. Es entonces cuando lo honesto es suspender el juicio.
La siguiente regla de etiqueta intelectual se refiere a la actitud del lector.


10ª regla.


Cuando el lector disiente, debe hacerlo de forma razonable, no para polemizar o disputar.


El lector debe tener la misma disposición tanto para asentir como para disentir, tanto para señalar aciertos como para determinar cuáles son los errores. El lector no se debe sentir “castigado” si tiene que admitir que está de acuerdo con el autor, porque lo importante son los hechos, la verdad, y no el proteger nuestra vanidad intelectual aparentando que

nada basta para convencernos. Por eso la segunda regla de etiqueta intelectual indica:


Cuando se tienen desacuerdos con lo expresado en el libro, es posible resolverlos.


Muchas veces se reducen a un malentendido o a ignorancia, y ambas causas se pueden eliminar apelando a los hechos y a la razón. Además, hay que distinguir entre la expresión de un conocimiento y la de una mera opinión. Sólo si se trata de la exposición de un pretendido conocimiento y se descarta que el desacuerdo sea por malentendidos o ignorancia, la desavenencia con el autor puede ser sostenida y justificada, ofreciendo razones para ella, y definiendo los temas en los que se dan estas discrepancias. La siguiente regla de etiqueta intelectual dice:


11ª regla.


El lector ha de respetar la diferencia entre conocimiento y simple opinión personal, aportando razones para cualquier juicio crítico.


Si el lector, después de haber comprendido cabalmente el libro, está en desacuerdo con él, ha de expresar este desacuerdo según tres condiciones. Primero, ha de reconocer si está poniendo alguna de sus emociones en disputa, es decir, ha de admitir si el contenido del libro afecta su vida y la manera en que lo hace, pues esta influencia puede ser parte de su desavenencia con él. Después, ha de hacer explícito lo que da por supuesto, lo que implica conocer nuestros propios prejuicios. Y finalmente, ha de intentar ser imparcial, intentando al menos adoptar el punto de vista del otro. Una crítica justa tiene en cuenta estas recomendaciones.


A un escritor se le puede criticar por las siguientes razones: A) está desinformado, B) está mal informado, C) sus razonamientos son ilógicos e inconsistentes, D) su análisis es incompleto.

 

A)     El autor está desinformado cuando no tiene un conocimiento relevante sobre el tema; no está enterado de algo importante o no conoce alguna fuente de información fundamental, de modo que si la conociera cambiarían sus conclusiones.

B)      El escritor está mal informado cuando afirma algo que no es cierto. Una suposición errónea lleva a conclusiones falsas y a soluciones insostenibles.

C)      Decir que sus razonamientos son ilógicos significa que ha cometido una falacia (un error lógico) en alguno de sus argumentos: la conclusión no se apoya realmente en las premisas, o entre las pruebas que el autor aporta se sostienen dos cosas incompatibles entre sí (el autor se está contradiciendo en algún punto).

D)      Y finalmente, se puede decir que un análisis es incompleto cuando el autor no ha resuelto todos los problemas que había planteado al inicio, o no ha hecho el mejor uso posible de los datos a su disposición, o no ha sabido sacar todas las consecuencias de sus afirmaciones, o no ha sabido distinguir detalles importantes, etc.


Es así como se puede establecer un desacuerdo inteligente con el autor. También el acuerdo, cuando se da el caso, ha de ser inteligente y razonado.


Con esto terminamos la exposición de las reglas de la lectura analítica. La riqueza de la lectura aún puede aumentarse utilizando ayudas como libros de consulta, comentarios, resúmenes, diccionarios, etc. O pasando al siguiente nivel, el de lectura paralela, y confrontando lo dicho por otros autores, que exede lo que pretende el presente escrito.



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[1] Apud. ADLER, M.J. y VAN DOREN, C.; Cómo leer un libro. Una guía clásica para mejorar la lectura. Debate, Madrid, 1996 (1ª ed. en castellano; 3ª corregida y en coautoría, New York, 1972) síntesis elaborada por el Dr. Luis Fernando Valdés López y Vicente de Haro.Esta síntesis se ocupa principalmente del capítulo dedicado a la lectura analítica

 




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