ANEXO 1 - EL DISCIPULADO
INTRODUCCIÓN
“Yo soy el camino la verdad y la vida” (Juan 14,6).
Sobre este fundamento bíblico es que el Papa Benedicto XVI ha propuesto como lema a los Obispos de América latina y del Caribe la reflexión general para la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano, buscando ante todo, hacer un toma de conciencia a todos los fieles laicos encabezados por sus ministros acerca del gran compromiso evangelizador, como continente de la esperanza, que tiene América Latina en este Tercer Milenio que hemos iniciado.
El tema general que atrae y atraerá la atención durante todos estos años venideros es: ”DISCIPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO PARA QUE NUESTROS PUEBLOS EN EL TENGAN VIDA”. Ya desde los inicios del pontificado de Benedicto XVI se ha propuesto al mundo, desde sus primeras palabras por la ventana del Vaticano, la reflexión sobre el amor de Dios y nuestro compromiso en el discipulado de Jesucristo. Dijo el Papa en sus palabras de saludo: “El Señor me ha llamado a mí, un humilde obrero a trabajar en su viña” y desde entonces, con sus discursos, catequesis y audiencias nos ha presentado el amor de Dios –así su primera encíclica DEUS CARITAS EST- manifestado en Jesucristo de donde nos viene a la vez nuestra tarea, compromiso y misión.
“El ser humano no es producto de una evolución fría sino fruto del amor de Dios”, decía el Papa Benedicto XVI en el rezo del Ángelus recién elegido. El discipulado del cristiano surge de la naturaleza de su vocación a la vida cristiana y de allí se desprende su compromiso misionero, por eso hoy “o se es misionero o no se es cristiano”.
V CONFERENCIA GENERAL DEL EPISCOPADO LATINOAMERICANO
“DISCIPULOS Y MISIONEROS DE JESUCRISTO PARA QUE NUESTROS PUEBLOS EN ÉL TENGAN VIDA”
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14, 6)
Antes de abordar la explicación y de aproximarnos al tema de estudio de la V Conferencia General del Episcopado latinoamericano, es conveniente realizar una aproximación tanto bíblica como teológica al alcance del concepto de apóstol y discípulo, para poder comprender el sentido del Lema de la Conferencia propuesto por el Papa Benedicto XVI.
• APÓSTOL
* Apóstol, significa “enviado por Dios” (Nm.16,28; Is.6,8; Mt.23,24).
Es un concepto cristiano aplicado a los portadores del mensaje neotestamentario. En sentido estricto, son sólo aquellos que han recibido directamente de Cristo la misión y que fueron testigos de su muerte y de su resurrección. La misión del apóstol es anunciar el reino de Dios y la prosecución de la misión de Cristo en su calidad de enviado del Padre. Es una misión que perdura hasta el fin de los tiempos siendo continuada por los sucesores que se denominan a sí mismos “servidores de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios” (1 Cor.4,1).
De ahí se deriva la palabra “apostolado” puede llamarse en sentido amplio “carisma”, pero sería un error considerarlo como una institución transitoria, válida sólo para los tiempos de la iglesia (1 Cor.12,18.30; Ef.4,11-14). El apostolado es una institución estable, sin distinción de tiempo ni de lugar. Por ello se eleva sobre los carismas, sobre cuya autenticidad y actuación le compete juzgar (1 Cor.14,37).
El apostolado, antes de dar derecho a un título, fue una función. En la iglesia naciente, el apostolado no se limitaba a la acción de los doce. Así como Jesús constituyó un grupo para multiplicar su palabra y su presencia, los apóstoles comunicaron a otros el ejercicio de su misión apostólica. El apostolado es cosa de todo discípulo de Cristo. Según su rango debe participar en el apostolado de la iglesia, imitando en su celo apostólico a los doce.
La apostolicidad de la iglesia, tiene sustentada su misión en la persona misma de Jesús que se presentó como profeta enviado de Dios Padre, al modo de los profetas del Antiguo Testamento (Is.6,8; 61,1; Jr.1,7).
• DISCIPULO
* Discípulo: es el que se pone voluntariamente bajo la dirección de un maestro y comparte sus ideas. Esta palabra tiene varios significados:
• El que recibe la enseñanza de un maestro (Mt.10,24; Lc.6,40).
• En sentido más restringido, el que se adhiere a una doctrina y vive conforme a ella (Mt.9,14; 11, 2; 22,16; Mc.2,18).
• Los seguidores de Jesús, quienes fueron enviados por él de dos en dos (Lc.10,1-17).
• Todos los que abrazan la fe en Jesús, de suerte que viene a ser lo mismo que cristiano (Hch.6,1; 9, 19).
La misión del discípulo consiste en:
• Ser luz y sal del mundo (Mt.5,13-16),
• Seguir constantemente a su Señor,
• Renunciando a lo que más se quiere (Lc.14,26; Jn.8,31) y
• Participar en la ignominia y el odio que le está reservados (Mt.10,25; Jn.15,18-20).
Todo el mundo ha de reconocer los discípulos de Cristo en el amor que se tienen (Jn.13,35), si permanecen fieles alcanzarán una especial recompensa (Mt.19,28; Lc.22,28).
Para los Judíos, en las escuelas rabínicas, existían formas propias de enseñanza y por lo tanto de valoración del discipulado. El discípulo es aprendiz. El discípulo aprendía escuchando y viendo.
Escuchaba y recogía religiosamente todas las palabras del Maestro y de sus alumnos más influyentes, hacía preguntas y al final de su aprendizaje podía ofrecer él también su aportación;
Pero además veía y seguía atentamente todas las actividades del maestro y lo imitaba.
Los rabinos utilizaban diversos métodos de enseñanza.
• De memoria: repitiendo varias veces el texto de la ley mosaica y sus interpretaciones y máximas.
• Fórmulas sintéticas o máximas en las cuales sintetizaban sus conocimientos. Ej. “Mejor un grano de pimienta picante que una cesta llena de pepinos”.
• Las Melodías. Acompañaban sus textos en voz alta con melodías para facilitar el aprendizaje mnemotécnico.
Jesús tenía para sus discípulos algunas exigencias únicas:
• Vocación: lo que cuenta para venir a ser su discípulo no son las aptitudes intelectuales y ni siquiera morales; es un llamamiento, cuya iniciativa corresponde a Jesús y a través de él al Padre que “da” a Jesús sus discípulos (Jn.6,39; 10,29; 17,6.12).
• Adhesión personal a Cristo: no se requiere ser un hombre superior. En efecto, la relación que une al discípulo y al maestro no es exclusivamente, y ni siquiera en primer lugar, de orden intelectual. Él les dice “sígueme”, y este verbo expresa la adhesión a la persona de Jesús. Seguir a Jesús es romper con el pasado, con una ruptura total si se trata de discípulos privilegiados. Seguir a Jesús es calcar la propia conducta en la suya, escuchar sus lecciones y conformar la propia vida con la del Salvador (Mc.8,34; 10,21; Jn.12,26). A diferencia del judaísmo, donde el discípulo instruido se separaba del maestro, el cristianismo se ha ligado no a una doctrina, sino a una persona; por lo tanto, no puede abandonar al que en adelante es para él más que padre y madre (Mt.10,37; Lc.14,25).
• Destino y Dignidad: llamado a compartir el destino del maestro: llevar la cruz, beber su cáliz y recibir su reino (Mc. 8,34; 10,38; Mt.19,28).
“EL PRESBÍTERO, GESTOR DE COMUNIÓN Y COMUNIDAD.
EN CUANTO DISCÍPULO Y MISIONERO DE JESUCRISTO, PARA QUE NUESTROS PUEBLOS EN EL TENGAN VIDA”
La iglesia en su misión, su índole escatológica y su prototipo: Puesto que la iglesia es un ministerio de comunión con la Santísima Trinidad y con los hombres y misterio de misión, todos en ella están llamados a desarrollar personalmente y comunitariamente la semilla de la santidad recibida en el bautismo, hasta alcanzar la madurez de Cristo. En palabras del apóstol de los gentiles, todos nosotros, que con el rostro descubierto reflejamos como en un espejo la gloria del señor, nos vamos transformando en esa imagen, cada vez más gloriosos:”Así es como actúa el señor, que es espíritu” (2 cor 3, 17-18)
EL ENCUENTRO CON JESUCRISTO VIVO, CAMINO DE CONVERSIÓN, COMUNIDAD Y SOLIDARIDAD
Toda vocación humana auténtica es vocación a la santidad, a participar en la vida del mismo Dios. Por eso, parte del encuentro con Jesucristo vivo, camino de conversión, comunión y solidaridad.
En las diócesis, los obispos deben sentirse especialmente llamados a promover la comunión para asegurar la eficacia de la nueva evangelización, que es evangelización de la cultura y de las culturas, nueva en su ardor, en sus métodos y en su expresión .
El presbítero debe ejercer su ministerio con caridad pastoral, sobre todo en la comunidad confiada a su cuidado, a la que conduce al encuentro con Jesucristo, buen pastor. Su vocación exige ser signo de unidad, por ello se abstendrá de participar en política partidista, que puede dividir la comunidad. Es importante desarrollar una pastoral de acompañamiento sacerdotal que ayude a los sacerdotes a crecer en el seguimiento de Cristo, Sumo y eterno sacerdote, que siempre buscó que cumplir la voluntad del Padre.
• LA POBREZA
Se valora la pobreza evangélica afirmando que:
1. Prepara al sacerdote para estar al lado de los más débiles; para hacerse solidario con sus esfuerzos por una sociedad más justa, para ser más sensibles y más capaz de comprensión y discernimiento de los fenómenos relativos a los aspectos económicos y sociales de la vida; para promover la opción preferencial por los pobres.
2. Para que el sacerdote pueda ser discípulo y misionero de Cristo pobre debe cultivar conscientemente los mismos sentimientos de Cristo, quien siendo de condición divina, no hizo alarde de ello, sino que se humilló, tomó la condición de siervo y se hizo obediente hasta la muerte y una muerte de cruz (Fil 2: 6-8). Siendo pobre nos enriqueció con su pobreza (2 Cor 8-9) y ha elegido identificarse con los pequeños (Mt 25, 31-46)
3. Jesús nació pobre, sufrió como pobre, y vivió una vida pobre y oculta durante trenita años. Ejerció un extenso misterio, durante tres años, en los que evangelizó a los pobres, dio la vista a os ciegos y redimió a quienes eran cautivos de diversas dolencias, en el triduo pascual nos redimió de al dolencia más radical, del pecado.
4. En su ministerio, privilegió a los pobres, cuyas dolencias curó, aun contra perjuicios institucionales.
5. En su humanidad , nos mostró la gloria de Dios, como amor fiel que brilla en las tinieblas del mundo. Pudimos contemplarla en Belén, como la omnipotencia de Dios reducida, por amor a los hombres, a la omnipotencia de un niño recién nacido y envuelto en pañales. En el Tabor, la admiramos en el brillo deslumbrante de loa hábitos de Jesús y su rostro transfigurado. Y en el Gólgota la admiramos en el rostro transfigurado de el siervo de Dios, despreciado, desecho de hombres, varón de dolores ante quien se oculta el rostro. La omnipotencia de Dios se manifestó allí en la ovni potencia de un varón semidesnudo, clavado en una cruz coronado de espinas y con el costado herido. Se trata del amor manifestado como la vida que se encuentra voluntariamente: la sangre, y se comunica libremente: el espíritu.
EL PERSBÍTERO, GESTOR DE COMUNIÓN Y COMUNIDAD
Si todos los fieles cristianos están llamados a la santidad, esta vocación atañe de manera particular a los presbíteros. En efecto, se los llama a ser santos, no solo por razón del bautismo, sino exigencias que derivan del sacramento del orden, que los constituyes en instrumentos vivos de Cristo, sacerdote, eterno, para proseguir en el mundo su obra.
Lo específico de la vida espiritual de los presbíteros nace de hontanar de su consagración, que los configura con Jesucristo, cabeza, pastor y esposo de la iglesia, a la que ama con caridad pastoral.
De igual manera, los configura para la misión o ministerios propios de los presbíteros, capacitándolos para ser “instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote eterno”, y para actuar “personificando a Cristo mismo”. Finalmente los configura con Cristo en toda su vida, llamada a ser manifestación y testimonio original del radicalismo evangélico.
El dinamismo interior que mueve la vida espiritual del presbítero en su condición de configurado con Cristo, cabeza y pastor, es la caridad pastoral, regalo gratuito del espíritu santo, que le permite compartir la misma caridad pastoral de Jesucristo, pero exige y aguarda su respuesta libre y responsable.
El primer destinatario de la caridad pastoral del presbítero, en realidad es Cristo, pues sólo si el sacerdote ama y sirve a Cristo, cabeza y esposo, podrá amar y servir a la iglesia, cuerpo y esposa. Esto lo enseña explícitamente Jesús al confiar a Pedro la tarea de apacentar la grey sólo después de cerciorarse por tres veces de que lo amaba con un amor de predilección (Jn 21, 15-17)
BIBLIOGRAFIA
• Biblia de Jerusalén. Disclé de Brouwer. 2006
• Concilio Vaticano II. Decreto Ad Gentes y Optatam Totius.
• Diccionario Biblico. H. Haag y Otros. Ed. Herder. 1999.
• OSLAM, 47 y 48. Boletín Informativo del CELAM.
• Vocabulario Bíblico. León X. Dufour. Ed. Herder. 2000.
• CELAM.org.co