6. EL PRESBITERADO SEGÚN LA DOCTRINA DEL CONCILIO VATICANO II
6.1. El Presbiterado en la misión de la Iglesia.
Carácter y Misión del Sacerdote: Participación de todos en el ministerio Sacerdotal de Cristo. Participación muy particular de los Obispos y subordinadamente los Sacerdotes. Carácter del Sacerdote, su misión en orden a la evangelización y al Sacrificio. La Gloria de Dios fin del Sacerdote.
Fisonomía del Sacerdote: Los sacerdotes vivan entre los demás, a imitación de Cristo y de los Apóstoles. Son segregados, aunque no separados. Administran dones celestiales. Deben vivir en el mundo con las virtudes que los hacen aceptos a los hombres.
6.2. Ministerio de los Presbíteros.
Funciones de los presbíteros: Ser maestro de la Palabras; Ministro de los Sacramentos y Guía de la Comunidad. De esta manera se unen plenamente a la triple Misión de Cristo: Sacerdote, Profeta y Rey.
Relación de los presbíteros con los demás: Con el Obispo, mediante la obediencia, devoción, y colaboración; con los demás presbíteros, los ancianos ayudar a los más jóvenes y los jóvenes respetar a los ancianos. Deben practicar entre sí mimos, la solidaridad, la fraternidad y el apoyo mutuo; con los fieles, de manera muy particular el sacerdote debe cuidar de aquellos que se han alejado de la fe, como de aquellos que no están en plena comunión con la iglesia, de aquellos que se encuentran en situaciones difíciles, y aún de los que no han aceptado a Jesucristo.
La distribución de los Presbíteros y las vocaciones sacerdotales: El sacerdocio es de carácter universal. El sacerdote por lo tanto debe estar disponible para la misión. Aunque está incardinado a una Iglesia particular, debe estar dispuesto a servir a la Iglesia allí donde la necesidad lo amerite.
6.3. La Vida de los Presbíteros.
Santidad y Ministerio: Los presbíteros han de asemejarse a Cristo Sacerdote y están llamados a la perfección con llamamiento más urgente, porque han recibido, además del Bautismo, una ulterior consagración que los ha elevado al rango de instrumentos vivos de Cristo. Los sacerdotes están ordenados a la perfección en la virtud por sus mismas misiones sagradas. Pero, recíprocamente, su personal santidad contribuye a la eficacia de su ministerio.
Ascética propia del Sacerdote: Los sacerdotes alcanzarán la santidad ejerciendo con celo sus funciones pastorales, las cuales adentran en el conocimiento y en la práctica de la Palabra de Dios y en la asimilación a Cristo en el Sacrificio de la Misa, cuya celebración diaria se recomienda. En el rezo del oficio Divino, su voz es la voz de la iglesia. En el gobierno de su rebaño son estimulados a la caridad y a la ascética propias del pastor, con la renuncia a los propios intereses por el bien de los demás.
Acción y oración: para armonizar acción y contemplación, sigan los sacerdotes el ejemplo de cristo en la entrega de sí en el cumplimiento de la voluntad del Padre. La fidelidad a Cristo no puede ser separada de la fidelidad a la Iglesia.
Peculiares exigencias espirituales en la vida de los presbítero: búsqueda continua de la voluntad de Dios. Vivencia plena del celibato sacerdotal en su triple dimensión: cristológica, escatológica y eclesiológica. Hacer buen uso de los medios económicos para, valerse de ellos para llevar una vida digna, para fomentar la caridad y la acción pastoral; evitar al máximo valerse de los oficios eclesiásticos para ganar dinero.
Recursos para la vida de los presbíteros: emplear todos los medios necesarios para la perfección: Vida de oración, lectura orante de la Palabra de Dios, vivencia plena de los Sacramento, piedad mariana, ejercicios espirituales y dirección espiritual. Hay que también garantizar el sustento de los sacerdotes, implementar la solidaridad de las parroquias más pudientes para con las que carecen de recursos, etc, se debe crear un organismo a nivel diocesano o de conferencia episcopal que garantice la seguridad social de los presbíteros.