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2 - LA VOCACIÓN

2. LA VOCACIÓN

2.1.  Un misterio...

En su dimensión más profunda, toda vocación sacerdotal es un gran misterio, es un don que supera infinitamente al hombre. Cada uno de los que han sido llamados lo experimenta claramente durante toda la vida. Ante la grandeza de este don sentimos cuan indignos somos de ello. La vocación es el misterio de la elección divina: "No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca" (Jn 15, 16). "Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón'' (Hb 5, 4). "Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí" (Jr 1, 5). Estas palabras inspiradas estremecen profundamente toda alma sacerdotal (JUAN PABLO II. Don y Misterio. p., 9).

El misterio del sacerdocio de la Iglesia radica en el hecho de que nosotros, seres humanos miserables, en virtud del Sacramento podemos hablar con su "yo":  in persona Christi. Jesucristo quiere ejercer su sacerdocio por medio de nosotros. Este conmovedor misterio, que en cada celebración del Sacramento nos vuelve a impresionar, lo recordamos de modo particular en el Jueves santo. Para que la rutina diaria no estropee algo tan grande y misterioso, necesitamos ese recuerdo específico, necesitamos volver al momento en que él nos impuso sus manos y nos hizo partícipes de este misterio.

Ya no os llamo siervos, sino amigos. Este es el significado profundo del ser sacerdote:  llegar a ser amigo de Jesucristo. Por esta amistad debemos comprometernos cada día de nuevo. Amistad significa comunión de pensamiento y de voluntad. En esta comunión de pensamiento con Jesús debemos ejercitarnos, como nos dice san Pablo en la carta a los Filipenses (cf. Flp 2, 2-5). Y esta comunión de pensamiento no es algo meramente intelectual, sino también una comunión de sentimientos y de voluntad, y por tanto también del obrar. Eso significa que debemos conocer a Jesús de un modo cada vez más personal, escuchándolo, viviendo con él, estando con él. Debemos escucharlo en la lectio divina, es decir, leyendo la sagrada Escritura de un modo no académico, sino espiritual. Así aprendemos a encontrarnos con el Jesús presente que nos habla. Debemos razonar y reflexionar, delante de él y con él, en sus palabras y en su manera de actuar. La lectura de la sagrada Escritura es oración, debe ser oración, debe brotar de la oración y llevar a la oración.

Los evangelistas nos dicen que el Señor en muchas ocasiones -durante noches enteras- se retiraba "al monte" para orar a solas. También nosotros necesitamos retirarnos a ese "monte", el monte interior que debemos escalar, el monte de la oración. Sólo así se desarrolla la amistad. Sólo así podemos desempeñar nuestro servicio sacerdotal; sólo así podemos llevar a Cristo y su Evangelio a los hombres.

El simple activismo puede ser incluso heroico. Pero la actividad exterior, en resumidas cuentas, queda sin fruto y pierde eficacia si no brota de una profunda e íntima comunión con Cristo. El tiempo que dedicamos a esto es realmente un tiempo de actividad pastoral, de actividad auténticamente pastoral. El sacerdote debe ser sobre todo un hombre de oración. El mundo, con su activismo frenético, a menudo pierde la orientación. Su actividad y sus capacidades resultan destructivas si fallan las fuerzas de la oración, de las que brotan las aguas de la vida capaces de fecundar la tierra árida. Ya no os llamo siervos, sino amigos. El núcleo del sacerdocio es ser amigos de Jesucristo. Sólo así podemos hablar verdaderamente in persona Christi, aunque nuestra lejanía interior de Cristo no puede poner en peligro la validez del Sacramento. Ser amigo de Jesús, ser sacerdote significa, por tanto, ser hombre de oración. Así lo reconocemos y salimos de la ignorancia de los simples siervos. Así aprendemos a vivir, a sufrir y a obrar con él y por él.

La amistad con Jesús siempre es, por antonomasia, amistad con los suyos. Sólo podemos ser amigos de Jesús en la comunión con el Cristo entero, con la cabeza y el cuerpo; en la frondosa vid de la Iglesia, animada por su Señor. Sólo en ella la sagrada Escritura es, gracias al Señor, palabra viva y actual. Sin la Iglesia, el sujeto vivo que abarca todas las épocas, la Biblia se fragmenta en escritos a menudo heterogéneos y así se transforma en un libro del pasado. En el presente sólo es elocuente donde está la "Presencia", donde Cristo sigue siendo contemporáneo nuestro:  en el cuerpo de su Iglesia.

Ser sacerdote significa convertirse en amigo de Jesucristo, y esto cada vez más con toda nuestra existencia. El mundo tiene necesidad de Dios, no de un dios cualquiera, sino del Dios de Jesucristo, del Dios que se hizo carne y sangre, que nos amó hasta morir por nosotros, que resucitó y creó en sí mismo un espacio para el hombre. Este Dios debe vivir en nosotros y nosotros en él. Esta es nuestra vocación sacerdotal:  sólo así nuestro ministerio sacerdotal puede dar fruto.

2.2.  Fundamentos bíblicos.

Elementos típicos de la Vocación  profética y sacerdotal: Las vocaciones proféticas son quizás los textos vocacionales de la Sagrada Escritura que más impacto han causado en la vida de las personas; no todos los profetas bíblicos mencionan este primer encuentro con Dios, en otros, la mención es muy breve.

1. Es una vocación en la historia.

2. Toda vocación comienza por la percepción de la santidad divina.
3. La iniciativa es divina.
4. El vocacionado manifiesta temor por la propia indignidad.
5. Dios soluciona la objeción.
6. Toda vocación lleva a una misión.   La misión siempre se describe en términos genéricas; no se manifiestan los caminos.
7. Dios promete, que es el motor de la vocación.
8. Respuesta del vocacionado.

   Vocación de Isaías: (6, 1-13)

Visión inicial (1-5): Subraya la majestad y soberanía de Dios y sirve de ambientación a todo lo que sigue. Debemos notar los binomios contrastantes: vida-muerte; el rey mortal en contraste con el rey inmortal; Visibilidad-invisibilidad; de los ángeles y Yhwh; santidad-impureza; Dios y el profeta.

La Purificación (6-7): A partir de la queja de Isaías, un serafín purifica sus labios como símbolo de purificación de toda la persona.  Este aspecto señala el punto de la vocación donde el profeta se siente débil e impuro frente a la santidad divina y, a su vez, la acción de Dios que soluciona el obstáculo presentado por el llamado.
 
Misión (8-13): Se plantea como difícil; siempre se presenta como un imperativo, aquí se prevé el efecto de la predicación del profeta (la incomprensión por parte de los oyentes). Casi siempre se presenta la misión como contra-corriente, porque es presentar un criterio divino a un mundo que se ha olvidado de Dios.
 
Otro elemento en esta visión es la iniciativa divina y la respuesta humana ¿a quién enviaremos? Es un plural mayestático.  De igual modo ¿quién irá de nuestra parte?. Queda la libertad para responder, Dios suscita, el profeta ya sintiéndose purificado acepta el reto. Aquí Isaías primero acepta y luego se ven las dificultades de la misión.

Vocación de Jeremías (1,4-10):
 
Encuentro con Dios, vv.4
Discurso introductorio, vv.5
Objeción, vv.6
Solución de la objeción, vv.7
Palabras de aliento-promesa, vv. 8
Signo, vv.9-10
 
Encuentro con Dios: algo así como una especie de “predestinación” porque aparece como una realidad ya dada; se trata aquí más bien de la experiencia de la bondad de Dios de una manera continua, no es predestinación en el sentido actual del término porque Dios nunca irrespeta la libertad del hombre.
 
Verbos que indican la elección: Te he formado, te he elegido, te he consagrado, te he constituido profeta.  La objeción aparece clara, es la pequeñez frente a la misión.
 
Existen dos pares de verbos que se corresponden: Enviar - ir. Confiar una orden - decir. Aquí está la solución a la objeción.
 
En las palabras de aliento aparece una expresión típica “yo contigo estoy para salvarte”, porque el temor de Jeremías es el miedo a la gente, no tanto al no saber hablar, por eso la compañía de Dios supera ese temor, pone sus palabras en boca del profeta, es purificación del miedo.
  
Vocación de Ezequiel (cap. 1-3): Es un profeta un poco extraño que actúa en pleno exilio. El relato no es unitario, tiene adiciones posteriores. Tiene cinco secciones:
 
2,3-5:          La dificultad de la misión
2,6-7:          Es como la objeción
2,8 al 3,3:     Misión o constitución profética.

3,4-9:          Rebeldía de Israel y el no miedo del profeta
3,10-11:        Encargo de conservar todas las palabras que Dios le dice.
 
La parte central de la vocación de Ezequiel está en la entrega y recepción del libro que está escrito por el anverso y reverso = por todas partes; también así en el Apocalipsis y siempre que aparece ese libro está refiriéndose al plan de Dios que está calculado en sus detalles, pero no como predestinación; el comerse totalmente el libro, significa que el profeta digiere el plan de Dios con todas sus implicaciones, al principio es dulce pero luego hiere profundamente. En el Nuevo Testamento se ve que el cordero que abre el libro es Cristo (presentado aquí con características proféticas) que puede interpretar todo el plan de Dios.

Conclusión: El profeta es un personaje público.  El deber de proclamar la palabra lo pone en contacto con los otros.   Su puesto es la calle, la plaza pública, allá donde la gente se reúne, donde el mensaje es más necesario y la problemática más aguda.   El profeta se encuentra en directo contacto con el mundo que lo circunda: conoce las maquinaciones de los políticos, las intenciones del rey, el descontento de los campesinos, el lujo de los poderosos y la falta de interés y de empeño de muchos sacerdotes.   Ningún ámbito le es indiferente, porque nada es indiferente para Dios.

Dios se ha dignado hablar realmente a la humanidad por medio de sus mensajeros.   La voz de los profetas, discreta pero potente, respetuosa con la libertad humana pero exigente, lleva en sí misma el sello de la trascendencia.  Dios a través de ellos se ha colocado en comunicación con el hombre, ha manifestado su vivo interés por los hombres.

Según el Nuevo Testamento:

Llamó a los que quiso para que estuvieran con El (Mc 3,13):

Jesús llama al grupo de los apóstoles luego de una intensa oración. Con ello nos están indicando los evangelistas  que la decisión de Jesús, al elegir "a los que quiso" (Mc 3,13), viene de Dios.

Concordancias entre los Evangelios de los relatos de vocación:

Mt. 4, 12-25
12 Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso, volvió a Galilea; 13 y dejando a Nazaret, vino y habitó en Capernaum, ciudad marítima, en la región de Zabulón y de Neftalí, 14 para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: 15 Tierra de Zabulón y tierra de Neftalí, Camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles; 16 El pueblo asentado en tinieblas vio gran luz; Y a los asentados en región de sombra de muerte, Luz les resplandeció. 17 Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado. 18 Andando Jesús junto al mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 19 Y les dijo: Venid en pos de mí, y os haré pescadores de hombres. 20 Ellos entonces, dejando al instante las redes, le siguieron. 21 Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.23 Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 24 Y se difundió su fama por toda Siria; y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó. 25 Y le siguió mucha gente de Galilea, de Decápolis, de Jerusalén, de Judea y del otro lado del Jordán
Mc. 1.14-20
14 Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, 15 diciendo: El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio. 16 Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. 17 Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. 18 Y dejando luego sus redes, le siguieron. 19 Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. 20 Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron.

Lc. 5.1-11
1 Aconteció que estando Jesús junto al lago de Genesaret, el gentío se agolpaba sobre él para oír la palabra de Dios. 2 Y vio dos barcas que estaban cerca de la orilla del lago; y los pescadores, habiendo descendido de ellas, lavaban sus redes. 3 Y entrando en una de aquellas barcas, la cual era de Simón, le rogó que la apartase de tierra un poco; y sentándose, enseñaba desde la barca a la multitud. 4 Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar. 5 Respondiendo Simón, le dijo: Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red. 6 Y habiéndolo hecho, encerraron gran cantidad de peces, y su red se rompía. 7 Entonces hicieron señas a los compañeros que estaban en la otra barca, para que viniesen a ayudarles; y vinieron, y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían. 8 Viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. 9 Porque por la pesca que habían hecho, el temor se había apoderado de él, y de todos los que estaban con él, 10 y asimismo de Jacobo y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Pero Jesús dijo a Simón: No temas; desde ahora serás pescador de hombres. 11 Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.

Jn. 1, 35-51
35 El siguiente día otra vez estaba Juan, y dos de sus discípulos. 36 Y mirando a Jesús que andaba por allí, dijo: He aquí el Cordero de Dios. 37 Le oyeron hablar los dos discípulos, y siguieron a Jesús. 38 Y volviéndose Jesús, y viendo que le seguían, les dijo: ¿Qué buscáis? Ellos le dijeron: Rabí (que traducido es, Maestro), ¿dónde moras? 39 Les dijo: Venid y ved. Fueron, y vieron donde moraba, y se quedaron con él aquel día; porque era como la hora décima. 40 Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan, y habían seguido a Jesús. 41 Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías (que traducido es, el Cristo). 42 Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas (que quiere decir, Pedro).43 El siguiente día quiso Jesús ir a Galilea, y halló a Felipe, y le dijo: Sígueme. 44 Y Felipe era de Betsaida, la ciudad de Andrés y Pedro. 45 Felipe halló a Natanael, y le dijo: Hemos hallado a aquel de quien escribió Moisés en la ley, así como los profetas: a Jesús, el hijo de José, de Nazaret. 46 Natanael le dijo: ¿De Nazaret puede salir algo de bueno? Le dijo Felipe: Ven y ve. 47 Cuando Jesús vio a Natanael que se le acercaba, dijo de él: He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño. 48 Le dijo Natanael: ¿De dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo: Antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera, te vi. 49 Respondió Natanael y le dijo: Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel. 50 Respondió Jesús y le dijo: ¿Porque te dije: Te vi debajo de la higuera, crees? Cosas mayores que estas verás. 51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre.


Características de los Discípulos de Jesús

1. Los maestros judíos piden la adhesión a la Ley. Jesús pide la aceptación del Reino de Dios que implica una aceptación peculiar de su misma persona.  A diferencia de las escuelas rabínicas, hecho notado por los mismos evangelistas, la palabra de Jesús produce una actitud de adhesión vital.  La unión de los discípulos con la persona de Jesús implica, igualmente, que se tuvieran en la memoria dichos y hechos no comprendidos plenamente".

2. Jesús ha formulado y trasmitido una serie de dichos a sus discípulos, a modo de subsidios, para su actividad misionera.   

3. Otra situación que exigía una tradición de las palabras de Jesús era la vida interna del grupo de discípulos, que era distinto de otros grupos judíos.  Hay numerosas palabras de Jesús que indican el estilo de vida propio de los discípulos

0. Forman Comunidad.
1. Adhesión a la Doctrina.
2. Cultura de la Memoria de dichos y hechos de Jesús.
3. Entrega integral hasta dar la vida incluso

Oración de Jesús por sus Apóstoles  Jn 17. Lc. 22.31-32.

Vocación y Ministerio de Pedro: Mateo 4, 18-19;  16, 13-19; Mc 1,16; Lc 5, 4-9; Jn 13, 36-38; 21, 15-18; Lc. 22.31-32.

Vocación de San Pablo

1. Discurso a los Judíos en Jerusalén: Hech 22, 5-16;

2. Discurso de defensa ante el rey Agripa antes de ser llevado a Roma: 26, 10-18;

3. Relato vocacional en tercera persona narrado por Lucas: Hech 9, 1-19;

4. Relato Vocacional en primera persona: Gál 1, 12-17.

El Sacerdocio Según la Carta a los Hebreos: 

Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y está puesto en favor de los hombres en lo que se refiere a Dios para ofrecer dones y sacrificios por los pecados;  y puede sentir compasión hacia los ignorantes y extraviados, por estar también él envuelto en flaqueza. Y a causa de esa misma flaqueza debe ofrecer por los pecados propios igual que por los del pueblo. Y nadie se arroga tal dignidad, sino el llamado por Dios, lo mismo que Aarón (5, 1-4).

2.3. Diferencia entre el sacerdocio común y el Sacerdocio ministerial.

El sacerdocio común y el Sacerdocio ministerial se ordenan el uno al otro. Ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo. Entre ellos se tiene una eficaz unidad porque el Espíritu Santo unifica la Iglesia en la comunión y en el servicio y la provee de diversos dones jerárquicos y carismáticos. La diferencia se halla en el modo de la participación: el sacerdocio de los fieles se realiza en el desarrollo de la gracia bautismal mediante el crecimiento en la vida de fe, esperanza y caridad. El Sacerdocio ministerial está al servicio del sacerdocio común de los fieles, en orden al desarrollo de la gracia bautismal como:  Ministro de los Sacramentos, Maestro de la Palabra y guía de la Comunidad.

 




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CURSO DE ESPIRITUALIDAD SACERDOTAL - Por el Padre Jairo Ramírez
  MARCO TEÓRICO
  INTRODUCCIÓN
  1 - PERFIL DEL SACERDOTE HOY
  2 - LA VOCACIÓN
  3 - QUIÉN ES EL SACERDOTE ?
  4 - SER SACERDOTE HOY
  5 - EL RITO DE LA CONSAGRACIÓN
  6 - EL PRESBITERADO SEGÚN EL CONCILIO VATICANO II
  7 - EL SACRAMENTO DEL ORDEN
  CONCLUSIONES
  ANEXO 1
  ANEXO 2
  BIBLIOGRAFIA

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