En nuestra vida hay muchas personas que al igual que Jesucristo "pasan por el mundo haciendo siempre el bien" (Hch.10,38) y aunque muchas veces su trabajo es silencioso y abnegado, poco se valora y reconoce. Son nuestros Maestros pues gracias a ellos somos lo que somos y estamos donde estamos ya que han dado todo de su vida para que nosotros mismo tengamos vida, a ejemplo del Buen Pastor que ha "venido para que tengamos vida en abundancia" (Jn.10,10).
Sí es a nuestros maestros a quienes va dirigida nuestra gratitud. En estos años han pasado por nuestra Casa muchas personas que han dejado huella en nuestro corazón y a quienes recordamos siempre con gratitud. Para ellos nuestro reconocimiento, aprecio y admiración. Alberto Arroyave, Jorge López, María del Carmen Gómez, Hector Medina, Cecilia Arbeláez, Carlos, Bladimir Cuesta, Beatriz Martínez y tantos otros maestros que han sembrado con esperanza esa semilla en nuestro corazón.
Actualmente prestan su servicio con generosidad y abnegación un selecto grupo de Maestros que se han ganado nuestro cariño, aprecio y admiración por su labor dedicada buscando "formar el rostro de Cristo Sumo y Eterno Sacerdote". Son ellos: Juan Carlos Ortíz Echeverri, Hugo Alfonso Peña Builes, Luis Arnulfo Henao Vargas, Martín Ríos, Julián Naranjo.
A ellos van dirigidas estas palabras que brotan del corazón agradecido de uno de nuestros Sacerdotes Diocesanos, el P. Darío Valencia G., como un homenaje de graitud para nuestros Maestros.
MAESTRO
“VOSOTROS ME LLAMÁIS “MAESTRO”, Y DECÍS BIEN, PORQUE LO SOY”.
(JN 13,13).
UN MAESTRO ES:
Quien siembra la mejor de la semilla, sin egoísmos ni pereza.
Quien educa con el ejemplo y no simplemente de palabras frías.
Quien señala la ruta para llegar a la meta y acompaña al discípulo en el caminar a pesar de las incomodidades encontradas.
Quien siembra con esperanzas de ver una buena cosecha, sintiendo la inmensa alegría de ver el fruto en la sociedad.
Quien brinda oportunidades a los más sagaces e intrépidos, sin mutilar por conveniencias propias al sobresaliente y al audaz.
Quien nivela al acomplejado, al triste, al desfavorecido económicamente, al antipático, al agresivo, al egoísta, al mal oliente, al mal vestido; sin sentir repugnancia ni aversión.
Quien es feliz en su profesión y se encuentra en ella realizado, dando de sí más del tiempo que le indica la ley.
Quien realiza su trabajo por vocación, no simplemente por un sueldo ni menos por una ocasión.
Quien trata de hacer feliz a cada uno de sus alumnos y no busca intereses mezquinos en ninguno de ellos.
EN FIN, ES AQUÉL QUIEN DA MUCHO, Y SE DA CON LO QUE DA; CON CALIDAD, ALEGRÍA Y EFICACIA.
(Darío Valencia López, Pbro).