Pese al progreso que han logrado en nuestro tiempo las comunicaciones, hasta el punto de que nuestra época ha sido llamada “la era de las comunicaciones”, vemos que hay algunos medios de comunicación que nunca pasan de moda, como lo es ‘la carta’. En los orígenes de nuestra fe, la correspondencia escrita era –y es- de vital importancia para la construcción de las comunidades y en nuestro campo específico para la educación en la fe (catequesis, evangelización).
Precisamente, en la Sagrada Escritura, tenemos el llamado género epistolar, un medio adecuado para transmitir el mensaje salvador a todas las gentes dada la imposibilidad de hacer presencia física y de tener otro medio de comunicación (1 Pd.3,1-2.15-16). San Pablo, refiriéndose a la comunidad cristiana de Corinto les recuerda además que ellos “son su carta de presentación... una carta de Cristo escrita por el Espíritu en los corazones” (1 Cor.3,2-3).
El mismo Concilio Vaticano II dedica uno de sus decretos a reflexionar sobre la importancia que tienen los Medios de Comunicación Social (Inter Mirifica) y nos muestra cómo “la iglesia acoge y fomenta aquellos que miran principalmente al espíritu humano y han abierto nuevos caminos para comunicar con extraordinaria facilidad noticias, ideas y doctrinas” (I.M. 1). Posteriormente, basado en este decreto, surge un nuevo documento “comunión y progreso” donde se nos recuerda que la “comunicación y el progreso en la convivencia humana son los fines principales de la comunicación social”.
A veces nos llegan cartas, ya que las personas no tienen acceso a otros medios más sofisticados (internet, e-mail, celular, etc.) y hacen uso de los más elementales y que nunca pasarán de moda. Es bueno que tratemos de hacer una interpretación “a los signos de los tiempos” (G.S. 4) y buscar cómo nos ven y cómo nos vemos. Carl Jung escribió: “La visión sólo llega a ser clara cuando uno puede mirarse el corazón. El que mira hacia fuera, sueña; el que mira hacia dentro, despierta”. Es necesario mirarnos hacia dentro o, en palabras de Mons. Alfonso Uribe Jaramillo, “es necesario ver claro al menos una vez en la vida”. Escuchemos con el corazón la siguiente carta:
“Padre: soy su feligrés. Por favor, no se enoje por mi carta. Tengo la intención de ser sincero y ayudarle un poco. No me atrevo a decirle nada directamente porque me da físico miedo. Temo una explosión de rabia y no quiero que eso ocurra. Empiezo diciéndole que cambie su genio. Se está enojando muy fácilmente. Se descontrola mucho. Resulta gritando y diciendo cosas que no debiera decir. Sea más calmado, por favor.
Póngase de acuerdo con otros Sacerdotes. Usted exige cosas que otros no exigen. Otros exigen lo que usted no. Hay contradicciones en las formas de organizar las parroquias. Unos quieren a los laicos; otros no. Unos dicen muchas misas y usted sólo dice una. Usted confiesa, otros no gustan de confesar. Predique más positivamente. No nos regañe tanto. Es verdad que hay cosas malas, pero son muchas las buenas. Padre, descubra la bondad del mundo. También existe el bien en mi pueblo, aunque usted piense y diga que todo es malo. En eso está equivocado...
Me da la impresión que no prepara predicaciones. Le salen muy improvisadas y muy negativas, con muchos regaños y poca explicación. Háblenos más de Dios y menos de dinero. Ya sabemos que se debe arreglar el techo del templo y hacer otras bóvedas. No lo repita más. Queremos oír hablar de Dios. Explíquenos el Evangelio sin revolverlo con colectas, ni bultos de cemento, y mucho menos con política. Estamos ansiosos de la palabra mejor explicada y más para nosotros.
Por favor, Padre, bendíganos. No nos maldiga. Bautice nuestros hijos con amor. Perdone que no enseñemos catequesis a los hijos pero organícenos el Catecismo en la Parroquia. Me explico que hay tantas parejas sin matrimonio debido en parte a su manera dura de tratar los novios...
Que nuestros muertos despierten sentimientos en usted y que no sea simplemente un frío celebrante, enterrador de algo que no le duele.
Por sus comentarios se le nota poco cariño por las religiosas. Sepa que las queremos mucho en mi pueblo. Aunque ellas tengan defectos le ruego que las quiera y les ayude más. No se disguste si le digo que son más santas que usted.
Vaya a las veredas, nuestra parroquia es rural. Ame a los campesinos, gásteles tiempo, sea cercano, mírelos con cariño no como tan sobraíto.
Arregle ese equipo de sonido que tiene en la iglesia. ¡A veces se entiende tan poco!. Hay desorden en el Templo. Gástele algo en orden y en aseo. Lo que hace que se tiene carro en la Parroquia eso hace que se descuidaron muchas cosas. Es bello ver que lo del templo está en orden, limpio y bien tenido.
Padre, visite y comprenda a los padres. Hay días y semanas que se pasan sin en dónde trabajar. Para algunos la vida es demasiado dura. Usted tiene limosna todas las semanas y almuerzo todos los días. Ahora mismo tengo un hijo enfermo y mi esposa no tendrá trabajo el mes que viene. No tengo finca, ni ganado pero soy católico y tal vez mejor que algunos que le dan reses para San Isidro.
Pienso que le serviría estudiar. A ratos me río de ciertas explicaciones que da. Yo no sé mucho pero creo que usted podría saber más. Padre, soy maestro y sé que todos podemos estudiar por más que ya seamos titulados.
Me gustan sus misas por corticas pero les falta un ‘no sé qué’. Son claras: usted canta, pero no se como se llama eso que lo hace a uno sentir como en algo misterioso, donde está presente Dios, mejor dicho Padre, me gustaría ver en usted al mismo Jesucristo.
No se las tire de avispado. Usted no se las sabe todas y además no nos gusta ver que lo domina todo. Su avispamiento es como un poder que nos rebaja a todos. Pero sí queremos que sea alegre y que de alguna manera nos contagie su alegría.
Quiero mi Parroquia y no me gusta ver cómo crecen los grupos de protestantes. No se conforme con saber que existen y quedarse tranquilo. Hagamos algo para entusiasmar a los católicos y para salir de la ignorancia religiosa en la que estamos.
¡Qué bueno que tengamos un plan en la Parroquia!. Saber qué hacemos, qué se quiere, hacia dónde vamos. Que en toda la gente veamos las ganas de participar y estar metidos en todo este rollo parroquial. Esté seguro Padre que somos varios los que queremos esto, aunque usted ya dijo que aquí no hay con quién hacer algo.
No queme pólvora, póngase un distintivo sacerdotal, no se embriague, déle más tiempo a la oración, visite los campos, fomente el amor a la Virgen, hable con todos, no sea prevenido, visite las escuelas, ayude a los pobres, quiéranos a todos. No lo queremos perfecto pero sí con ganas de ser Santo.
Quiera a los niños y a los ancianos. Le repito que valore a las religiosas y el trabajo que realizan en el pueblo. Los maestros queremos ser sus colaboradores. No reemplace a los esposos ante las esposas. No sea amigo solamente de las muchachas – y los muchachos-. Haga deporte y de vez en cuando tómese un tintico con nosotros.
En fin, Padre, lo queremos como hombre de oración, que nos quiere y nos comprende; nos escucha y nos orienta y esté seguro que lo aceptamos y de que permanentemente en mi familia oramos por usted. Dios le pague todo lo que ha hecho por nuestro pueblo, y, disculpe si se siente ofendido por lo que en esta carta le digo”.
“A los ancianos de esa comunidad, les exhorto: apacentad la grey de
Dios que os está encomendada”.
(1 Pd.5,1-2).
P. Fabio López Mejía